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LEYENDA DE LA BELLA SUSONA 👩✡️👩‍❤️‍💋‍👨

Actualizado: 26 nov




















Para entrar en esta historia, hay que situar este romance en el barrio de la judería de Sevilla en pleno siglo XV.


Susona era el apodo de la joven y hermosa judía, Susana Ben Susón. Los rumores y cotilleos de los vecinos dicen que era una de las judías más hermosas de toda Sevilla, hija de Diego Susón. Tanto se habló de su belleza, que la llamaban “la bella Susona”.


Diego Susón, padre de Susona, fue el cabecilla en el plan de realizar una revuelta contra los cristianos de la época. Los integrantes de dicho comando se reunían en casa de éste, sin percatarse que Susona entraba y salía a hurtadillas de la casa familiar para encontrarse con su enamorado, que no era nada más y nada menos que un caballero cristiano.


Una de las noches, cuando volvía de estar con su amado, al entrar en su casa, escuchó

a su padre y al resto de los judíos hablando sobre la liberación de los presos capturados por la Inquisición y llevados al Castillo de San Jorge, que por aquel entonces era un lugar de tortura para todo aquel que había sido acusado injustamente por no seguir las pautas inquisitorias.


Al oír esto, Susona salió corriendo a buscar a su amado, ya que podía morir en esa reyerta. Su amado la tranquilizó, y le dijo que lo esperara fuera de los muros de la ciudad al alba, para así escapar juntos.


Para la desgracia de Susona, el plan no llegó a culminar, puesto que el cristiano fue rápido a hablar con Diego de Merlo, el asistente mayor de la ciudad de Sevilla, contándole todo lo que Susona había espiado tras la puerta de su casa.


A la salida del alba, Susona esperaba nerviosa y ansiosa a su caballero para empezar una vida nueva lejos de todos los conflictos que estaban viviendo. Las horas pasaban, sin saber lo que verdaderamente estaba ocurriendo en su casa, y es que Diego de Merlo, acompañado con tropas y del cristiano caballero, entró en una de las reuniones clandestinas y apresó a todos los judíos del grupo, siendo condenados a muerte.


Susona esperó y esperó, hasta el medio día, donde vio aparecer a su amado , o eso pensaba ella hasta que le oyó decir que él, como caballero de la corte, no podía escaparse

con una judía, porque si había sido capaz de delatar a su padre que era sangre de su sangre, ¿qué iba a hacer con él?.


Tras llegar a casa con el corazón roto y una tristeza inmesa porque la habían dejado plantada a las afueras de la muralla, y con las ilusiones destruidas, Susona no se imaginaba lo que allí había pasado.


Al encontrarse la puerta abierta, todo lleno de sangre y vecinos que la acusaban e insultaban por lo ocurrido, el sentimiento de culpa se apoderó de ella por la traición que había cometido y fue corriendo a confesarse al arcipreste Reginaldo Romero, a la Catedral de Sevilla, quien al escuchar su historia la bautizó y la convirtió en cristiana, haciendo posible su ingreso en un convento, donde se retiró largos años.


Pero el final de esta historia, es aún más trágico.


Las lenguas cuentan que pocos días antes de morir, Susona regresó a la casa familiar. Los vecinos y las vecinas del barrio sabían que era ella porque siempre abría la ventana a la hora del rezo con el replique de las campanas de la Catedral.


Pero un día, la ventana dejó de abrirse, y las vecinas del barrio comenzaron a especular con su muerte, así que, aventuradas a descubrir la verdad, entraron en casa, y al pasar por

la cocina, vieron a Susona muerta encima de la mesa y con su testamento, en el que decía:


« y para que sirva de ejemplo a las jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo, y la pongan sujeta a un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás».


Y así fue, se cumplió la última voluntad de su testamento.


Su calavera estuvo en el dintel de la puerta de su casa desde finales del siglo XV hasta mediados del XVII. Por este motivo, esta calle llevó el nombre de la Muerte, pero por suerte se cambió en el siglo XIX a nada más y nada menos que calle de la Susona.


No se sabe actualmente dónde se encuentra la cabeza de la Susona, ya que muchos dicen que la robaron para eliminar el mal augurio de la judería, aunque el clavo que le sujetaba sigue en menos de los propietarios de la casa...


En la actualidad y con el paso de los años, múltiples personas dicen que han visto a una mujer asomarse a la ventana, y se dice, que por supuesto es nuestra protagonista, la bella Susona, vigilando que ninguna joven más vuelva a cometer su mismo error.



Si te ha gustado esta historia deja en comentarios alguna otra historia o leyenda Sevillana que quieras conocer.














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